Tema 7. Características y necesidades de las personas con problemas de salud mental.
Resumen de las páginas 222 hasta la 229.
1. Algunas enfermedades mentales.
Las enfermedades mentales son muchas y muy variadas. Continuamente se categorizan trastornos nuevos, por lo tanto, la tarea de compilarlas y agruparlas no es fácil.
Hay concretamente:
- Trastornos psicóticos: se caracterizan por la alteración del pensamiento y por la pérdida de contacto con la realidad.
- Trastornos del estado de ánimo: comportan una afectación profunda y prolongada del estado emocional de la persona.
- Trastornos de la personalidad: implican una disonancia entre la personalidad de una persona y la realidad.
- Demencias: su principal característica es el deterioro de la memoria y el pensamiento.
2. La esquizofrenia.
Es un trastorno psicótico de aparición aguda, caracterizado por un deterioro de la capacidad para pensar de manera lógica, diferenciar entre experiencias reales e irreales, dominar las emociones propias y relacionarse adecuadamente con los demás.
Esta afectación global es lo que caracteriza la enfermedad, pues la persona que la padece comienza a sentir, pensar y hablar de manera diferente a como lo hacía antes. Pierde el contacto con la realidad y parece como si su comportamiento estuviese controlado por las fuerzas extrañas. No tiene conciencia de su enfermedad.
2.2. Síntomas de la esquizofrenia.
La esquizofrenia se caracteriza por una serie de síntomas entre los que predominan los siguientes:
- Ideas delirantes: están relacionadas con las alteraciones del pensamiento y se concretan en convicciones erróneas, ilógicas y extravagantes, que la persona con esquizofrenia considera como la única realidad válida.
- Alucinaciones: corresponden a alteraciones sensorio-perceptivas, especialmente auditivas. Se trata de percepciones interiores que se producen sin un estímulo externo.
- Comportamiento disfuncional: se traduce en un estado de agitación, incapacidad para organizarse e incluso para mantener la higiene personal. El comportamiento de la persona es disfuncional.
- Lenguaje desorganizado: se hace patente en la construcción de frases que no tienen sentido para los demás, en la pérdida del hilo en las conversaciones, en respuestas incongruentes, en la repetición insistente de una idea, en el empobrecimiento del lenguaje o en el embotamiento.
- Síntomas negativos: incluyen todos los síntomas relacionados con la pobreza afectiva, la apatía, la pérdida de la voluntad y del interés en hacer cosas y en disfrutar, así como niveles bajos de motivación y autoestima.
2.3. Tipos de esquizofrenia.
Los más importantes son:
- Paranoide: hay una prevalencia de ideas delirantes, generalmente de grandeza o persecución, acompañadas de alucinaciones auditivas.
- Desorganizada: sobresale la desorganización en todos los componentes; comportamiento, lenguaje, pensamiento y afectividad.
- Catatónica: predomina una actividad psicomotora anómala; inmovilidad, hiperactividad, posturas extrañas, movimientos estereotipados, muecas, imitación, mutismo, etc.
- Residual: predomina la manifestación de síntomas negativos. Suele aparecer cuando se cronifican las manifestaciones anteriores.
2.4. Aparición y curso de la esquizofrenia.
L a enfermedad se suele iniciar en la adolescencia o algo más tarde aunque puede aparecer antes o después. No es habitual diagnosticarla en la infancia y su aparición después de los 45 años es muy poco frecuente. Puede presentarse asociada al consumo de sustancias como la cocaína, el cannabis o el alcohol.
Puede presentarse de forma disimulada, insidiosa y progresiva, entonces será difícil detectar su comienzo exacto. En muchos casos su inicio es agudo, en forma de crisis o brote esquizofrénico con alucinaciones, ideas delirantes o alteraciones en el pensamiento.
El curso de la enfermedad se caracteriza por fases de agudización y de remisión de dichos síntomas. La repetición de estos ciclos dejará unos estados residuales o secuelas que evolucionarán hacia la cronificación de la enfermedad y el deterioro psíquico progresivo, aunque esto dependerá del grado de afectación de la enfermedad.
La esquizofrenia, sin un tratamiento adecuado, se convierte en un factor importante de dependencia, pues la persona no tiene capacidad para afrontar las demandas ni llevar un funcionamiento normalizado de su vida cotidiana. La insuficiencia de apoyos y recursos, así como el estigma y el rechazo social que genera esta enfermedad, coadyuvan en una tendencia al aislamiento, la marginación y la exclusión social.
2.5. El tratamiento de la esquizofrenia.
La esquizofrenia es una enfermedad crónica y permanente para la que no existe un tratamiento curativo actualmente.
Los tratamientos actuales están destinados a la remisión de los síntomas y permiten a las personas llevar una vida más o menos normalizada e integrada en la sociedad. Generalmente se combinan varios tratamientos:
- El farmacológico: a través de fármacos antipsicóticos. La elección del antiséptico y de la dosis se realiza individualmente para cada persona. Acertar en el tratamiento farmacológico y seguirlo sin interrupción va a ser determinante en la calidad de vida que puedan llevar estas personas. El problema es el abandono, pues tienen consecuencias muy negativas, ya que favorece la recaída de la enfermedad y el empeoramiento de su pronóstico.
- La psicoterapia: la psicoterapia individual no es extraordinariamente efectiva, debido a que la persona no tiene conciencia de su enfermedad, es una técnica necesaria en combinación con la medicación.
- La psicoterapia familiar y grupal: suele ser muy beneficiosa, pues contribuye a reforzar la capacidad de la persona para enfrentarse al estrés o adaptarse a los efectos de la enfermedad. Proporciona a la familia estrategias para manejar al paciente, atenuar los conflictos familiares, atenuar sentimientos de culpa, etc.
- La rehabilitación psicosocial: es muy útil, va destinada a proporcionar las destrezas necesarias para que la persona pueda manejarse con soltura en la realización de las diferentes actividades de la vida diaria. Se entrenan las habilidades sociales para facilitar su participación en la sociedad.
A veces será necesario el ingreso en una unidad hospitalaria.
3. La depresión.
Es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza fundamentalmente por sentimientos de tristeza, desesperanza e infelicidad, junto a una disminución de la energía vital y un desentendimiento en mayor o menor medida del entorno.
No debemos confundir la depresión con estados pasajeros de tristeza o trastornos de ansiedad, que pueden ser provocados por crisis inesperadas.
El paso de un trastorno de ansiedad a un estado depresivo se produce en el momento en que aparecen interferencias en la vida y el funcionamiento cotidianos, persistentes en el tiempo y que causan dolor, tanto para quien padece el trastorno como para su núcleo más cercano.
3.1. Manifestaciones de la depresión.
Aunque no todas las depresiones son iguales, ni todos los síntomas se dan en todas las personas que lo padecen, los más habituales son:
- Extrema tristeza y estado de ánimo irritable o constantemente bajo.
- Pérdida de interés en actividades que habitualmente eran placenteras.
- Sentimientos de vacío, culpa, infravaloración, baja autoestima.
- Fatiga y falta de energía.
- Falta de concentración, atención y memoria que dificulta la capacidad para tomar decisiones.
- Trastornos alimentarios por exceso o por defecto de ingesta.
- Malestar físico con dolores de cabeza o musculares, náuseas, estreñimiento, etc.
- Falta de expresividad y poco interés por relacionarse con otras personas.
- Aspecto descuidado, a causa de la pérdida de interés.
- Ideas recurrentes de muerte y tentativas de suicidio.
3.2. El tratamiento de la depresión.
Muchas personas con depresión no están en tratamiento porque no tiene conciencia de que se trata de una enfermedad. Lo cierto es que la depresión puede ser tratada con muy buenos resultados. El tratamiento puede incluir psicoterapia, medicación o una combinación de ambas.
Mediante la psicoterapia las personas aprenden a identificar su enfermedad y comprenderla y adquirir refuerzos psicológicos para afrontarla y sentirse mejor. En ocasiones, si la depresión es leve o moderada, es suficiente con este tratamiento, aunque en otras será necesario el uso de medicación.
La medicación se lleva a cabo mediante fármacos antidepresivos. Solamente se administrarán bajo prescripción médica y siguiendo escrupulosamente sus indicaciones respecto a la dosis, las horas en que se debe tomarlos y la duración del tratamiento, porque estos medicamentos tardan algunas semanas en hacer efecto. El paciente debe tomarlos en dosis regulares durante este periodo y, una vez experimentado el efecto, el profesional médico irá adaptando la dosis que sea necesaria.
4. El trastorno bipolar.
Es un desorden del estado de ánimo caracterizado por la presencia clínica de episodios de fase maníaca y fase de depresión.
El trastorno bipolar no tiene curación, por lo que su tratamiento irá encaminado a controlar la enfermedad y sus síntomas y a evitar las crisis. Se utiliza una combinación de técnicas farmacológicas y psicológicas.
En cuanto a las primeras, dependerán de cada paciente, pero en general se prescribirán fundamentalmente estabilizadores del estado de ánimo y, en fases de crisis, también antipsicóticos o antidepresivos.
En el aspecto psicológico o psicoeducativo se perseguirá la máxima integración de la persona en el entorno.
5. Trastornos de la personalidad.
Son unos patrones de pensamiento, comportamiento y emotividad muy rígidos e inadaptados que suelen perturbar la vida personal, profesional y social de la persona que los padecen.
Las personas con estos trastornos presentan dificultades para manejar el estrés y los problemas cotidianos, y suelen tener relaciones problemáticas con los demás. Los problemas de inadaptación afectan a casi todos los aspectos de su vida y generan grandes dosis de angustia e infelicidad. Muchas personas con trastorno de la personalidad no son conscientes de su inadaptación. Otras, aunque la reconocen, no pueden hacer nada para superarla. Esto provoca que sean difíciles de tratar.
Hay distintos tipos de trastornos, los más comunes son:
- Paranoide: se caracteriza por mostrar una desconfianza y una suspicacia desmesuradas e injustificadas.
- Esquizoide: estas personas muestran una gran dificultad para establecer relaciones sociales.
- Antisocial: presentan un comportamiento antisocial permanente, basado en una violación continua de los derechos de los demás, sin que se sientan culpables por ello.
- Histriónica: muestran un patrón de expresión emocional y búsqueda de la atención exagerada que se corresponde a lo que conocemos como conducta teatral.
- Narcisista: presentan una exagerada sensación de importancia de sí mismas y sentimientos de grandiosidad.
La mayor parte de las personas con un trastorno de la personalidad no requieren tratamiento farmacológico, de hecho, no suele dar buenos resultados.
La clave en los trastornos de la personalidad es la psicoterapia, con la contribución de la terapia grupal y del apoyo familiar. El objetivo es ayudar a la persona a comprender las causas de su ansiedad y a reconocer su comportamiento desadaptado.
6. La enfermedad de Alzheimer.
Es una demencia que se caracteriza por el deterioro lento, pero progresivo e irreversible, de la memoria y las aptitudes del pensamiento, y que llega a invalidar a la persona para el desarrollo de las funciones más básicas.
Se trata de una enfermedad degenerativa que aparece con más frecuencia en personas mayores de 65 años de edad. Su síntoma principal es la pérdida gradual de la memoria, lo que a menudo se confunde con los achaques propios del envejecimiento.
6.1. Aparición y curso de la enfermedad de Alzheimer.
La causa del Alzheimer es desconocida, pero la enfermedad implica la pérdida gradual de las células cerebrales, que lleva a la atrofia de diferentes zonas del cerebro. Esto implica la pérdida de capacidades cognitivas, especialmente de la memoria y el pensamiento, y llega a inhabilitar a la persona para llevar a cabo hasta las tareas más simples. Por esta razón, el impacto emocional en la propia persona y especialmente en las personas que viven con ella es de una gran intensidad.
Su pronóstico no siempre es fácil de determinar, pues su inicio es habitualmente insidioso, pero su evolución es progresiva e imparable a lo largo de los años. Requiere unos 10 años para desarrollarse en toda su magnitud y muy pocas personas sobreviven pasados 15 años desde el diagnóstico.
6.2. Tratamiento del Alzheimer.
El Alzheimer es actualmente una enfermedad incurable y de momento tampoco se dispone de un tratamiento que detenga o retarde significativamente el progreso de la enfermedad.
El tratamiento irá encaminado a mantener la máxima funcionalidad cognitiva, a manejar los síntomas relacionados y a enlentecer el desarrollo de la enfermedad.
En fases leves y moderadas , el tratamiento combina elementos de los siguientes tipos:
- Farmacéuticos: se destinan a intentar retardar la evolución de la enfermedad y a controlar los efectos derivados de esta, como la agitación, la ansiedad o los síntomas psicóticos.
- Psico-estimulación: incluye un conjunto de juegos, técnicas y habilidades destinados a estimular la memoria y otras funciones cognitivas como la orientación, el lenguaje, la expresión, la movilidad, etc.
- Cuidados paliativos: serán el eje de la intervención en las fases más avanzadas cuando el deterioro es muy intenso. La prestación de estos cuidados no tiene una finalidad curativa, sino que se dirige a que la persona mantenga el mayor nivel de calidad de vida posible.
Cuidar a una persona con Alzheimer supone unos altos costos físicos y emocionales, pues las necesidades de atención que requiere y el progresivo deterioro al que se asiste son una amenaza a la capacidad de resistencia psicológica de las personas cuidadoras.
La asistencia domiciliaria, la orientación y la utilización de programas de respiro familiar pueden contribuir a mitigar el desgaste que suponen estas tareas.
Otro impacto que la familia tiene que afrontar está relacionado con la decisión de ingresar a la persona enferma en un centro.

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